lunes, 12 de marzo de 2018

El primer encuentro

Por: @IsidroAvila / Ejercicios Literarios

El reloj marcaba las 10 de la mañana y Natalia comenzaba su ritual para embellecerse un poco. Hacía dos meses que había conocido a Daniel en Twitter, la red social, pero aún no se habían visto en persona.

Había salido de un divorcio meses atrás y en sus ojos el brillo se había opacado. Su sonrisa, con sus dientes tan blancos como perlas recién obtenidas del fondo del mar, apenas comenzaba a reaparecer como el sol, después de un día nublado.

Vería a Daniel para comer en un restaurante ubicado en una céntrica plaza comercial. “En un lugar público, para sentirme en mayor confianza”, pensaba.

Su cuerpo, a su propia consideración, no era perfecto. Su piel había perdido un poco la suavidad, y sus músculos firmeza, sin embargo, no era algo que no se pudiera solucionar con una dieta y un poco de ejercicio.

Se probó un vestido azul que le quedaba apenas arriba de las rodillas, mismo que combinó con unas medias negras. “Con esto llamaré su atención”, dijo mientras una sonrisa traviesa se asomaba en sus labios al mirarse en el espejo, de frente y de perfil.

Daniel, quien trabajaba en una oficina, no tendría oportunidad de cambiar su vestimenta. Pantalón de vestir azul marino, camisa de manga larga en color celeste y corbata roja, sus zapatos con un poco de desgaste pero bien boleados, además de su clásico peinado de lado.

Eran las 12:30 y Natalia abordó su camioneta para trasladarse al punto acordado. Mientras manejaba, el fresco del día invitaba a apagar el clima y a bajar la ventanilla. El aire alborotó un poco su cabello, en el cual ya se podían apreciar algunas líneas de plata.

A las 12:50, Daniel comenzó a caminar hacia el restaurante, el cual estaba cerca de su oficina. Una reuma en la rodilla izquierda le advertía que caminar no sería del todo cómodo.

Las canas en sus sienes y en su escaso bigote le avisaban que ya no era ningún jovencito. Apenas un año antes había salido de una relación en la cual no se sintió valorado por Aranza, quien no hizo el menor intento por detenerlo cuando este le dijo que saldría de su vida.

Llegó primero a la cita. Caballerosamente esperó en la entrada a Natalia. Apenas un par de minutos después la vio llegar. Sus ojos se abrieron por la sorpresa de observar esa sonrisa que ella esbozo cuando sus miradas se cruzaron. A él le parecía que la bella mujer a sus ojos, caminaba en cámara lenta.

Natalia no lo pudo evitar, el brillo espontáneo en sus ojos le avisaba que la vida le brindaba una segunda oportunidad para ser feliz.

-Hola, cómo estás? Dijo tímidamente Daniel
-Bien, respondió, hace mucho que llegaste?
-Para nada, tengo apenas un par de minutos
-Pasamos? Tengo un poco de hambre, dijo Natalia para romper el hielo y pensar en las cosas que iba a decir durante la plática.

Daniel le cedió el paso. Involuntariamente observó aquella bella figura de espaldas que caminaba con una cadencia que parecía decirle sin palabras: Sígueme…

-Eres más alto de lo que pensé
-Tú no te quedas atrás, tu estatura es perfecta. Y es que, si bien él pasaba del metro con ochenta centímetros, ella podía recargar la cara en el pecho de Daniel si la ocasión se hubiese dado.

El sexto sentido femenino le indicaba que algo bueno saldría de esa primera comida juntos.

Para Daniel, ese palpitar acelerado de su corazón no podía estar equivocado. Pareciera que después de una difícil etapa, la vida por fin había decidido hacer las paces con él.

Qué le valga madre, no?

Ejercicio Literario. Dialogo directo sin apoyo de narración. Por: @IsidroAvila -Parece que tiene prisa. -Por qué lo dice? -Ni bien se h...