lunes, 12 de marzo de 2018

Metaforeando


Por: @IsidroAvila / Ejercicios Literarios

La ansiedad consumía a Melissa, como leños en el fuego. El día de conocer a Daniel se acercaba y su mente se agitaba al pensar en él, como mariposas en primavera.

-Cómo será? Se preguntaba. Y es que, a pesar de intercambiar textos y palabras en interne durante los últimos seis meses, ambos habían decidido no enviarse fotografías, sino solo descripciones.


“Mi cabello ya luce escarcha en las sienes. Mi sonrisa refleja ilusión pero, también el desamor que ya sufrí en otras ocasiones”, les escribió Daniel en alguna ocasión.

“Mis ojos toman un brillo especial, como un amanecer de playa cuando te leo. Mis dientes son como perlas y mi cabello es largo, como enredadera que cubren las paredes de un bello jardín”, dijo Melissa entre textos.

El tiempo pasaba, como pasan los buenos momentos, sin sentir, y el día más esperado para ambos, llegó.

La esquina del café en el centro de la ciudad fue el testigo mudo de su encuentro. Al estar frente a frente, las emociones estaban a flor de piel.

Con la vista, Melissa repasaba la imagen de su bello príncipe de cuento medieval, como acostumbraba llamarlo. Su estatura era mayor a la de un hombre promedio. Esas líneas de expresión en su rostro, sus ojos, a ella le recordaban la profundidad del mar. Sus brazos, largos cual tenazas le daban una sensación de protección tan solo de verlo.

Para Daniel, ella era la princesa de un cuento infinito. Con su cabello largo como hilos de oro, sus manos delgadas y delicadas como tiernas flores del jardín. Su estatura le despertaba ese instinto por tomarla entre sus brazos y sentir su rostro en el pecho. Sus ojos eran un par de esmeraldas que emitían un brillo singular. Sus labios, color rubí, parecían invitarlo a disfrutar de un tierno beso que, amos con tierna impaciencia deseaban, como quien espera disfrutar de un gran tesoro.

Por un momento se olvidaron de la vida diaria, de las presiones diarias de la oficina, de los recibos por pagar y los desamores del pasado. Esta vez, la vida les daba una nueva oportunidad de reescribir sus historias.

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